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549 visitas Agosto 29 de 2018 10:27



“Tejemos porque es nuestra alegría y ayuda a que nuestros sentimientos y pensamientos estén mejor”: Indígena Kogui


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© Archivos SP


Mujeres indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta comparten la importancia del tejido como práctica espiritual, enseñando a hilar y tejer mochilas con fique. La iniciativa es liderada por las organizaciones Kuritamia y Chaskis del Caribe.






En uno de los extremos de un pequeño salón, dispuesto con cojines de colores en el suelo, se encuentran dos mujeres indígenas pertenecientes a la comunidad Kogui de la Sierra Nevada. Milena de 23 años, retira de su pecho su vestido tradicional blanco y acomoda el collar rojo que cuelga en su cuello para amamantar a su hija, mientras Maritza, su sobrina de 12 años, de cabellera lacia y larga espera paciente que se inicie el taller de tejido.

		  

Llegaron a Barranquilla para enseñar a hilar y tejer mochilas con fique, fibra natural utilizada por los indígenas de su comunidad para hacer mochilas, costales y otros elementos que hacen parte de su cotidianidad.

		  

Con los pies descalzos y ropa cómoda, los asistentes al taller promovido por las organizaciones Kuritamia y Chaskis del Caribe, hombres y mujeres de 19 a 71 años de edad, buscan un lugar cómodo para sentarse durante las 5 horas que dura el taller, que además incluye un conversatorio sobre la importancia espiritual del tejido y algunos aspectos de la cultura de más de 9.000 indígenas que habitan en el resguardo Kogui- Malayo- Arhuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta, ubicados en los departamentos de Magdalena, Cesar y La Guajira.

		  

Milena, quien es hija de un Mamo –Sabio y guía espiritual, que además pone en práctica los saberes de la medicina ancestral- saca el fique de varios colores y explica que después de ser extraídos de la mata que lleva el mismo nombre, son teñidos con raíces, semillas y cortezas de árboles. Cuenta que antes de realizar cualquier actividad relacionada con el tejido, las mujeres y hombres de su comunidad realizan pagamentos a la madre para alejar los malos pensamientos. “Por ejemplo, yo estoy tejiendo ahora esta mochila y ustedes pueden ver que en esta parte no está tan bonita porque mis pensamientos no eran buenos”, señala la joven.

		  

Pide a los asistentes cerrar los ojos, colocar las manos en los pies (con las plantas de los pies apoyados en el piso) e ir subiéndolas -como quien enrolla un papel- hasta llegar a la cabeza. Luego, pide viajar al mar con la mente y después, con las manos por encima de la cabeza, soltar los pensamientos de molestia y de intranquilidad.

		  

“Sentí, realmente, cómo puede limpiarse el pensamiento con la buena intención acompañada de una acción sencilla y bien orientada. Sentí cómo se liberaban tensiones descargando también físicamente todo eso que se guarda y carga a veces sin notarlo.”, aseguró Martha Herrera una de las asistentes.

		  

Milena arranca una tira de fibra de fique, la coloca en su muslo y mientras desliza sus manos sobre el fique explica cómo se hila, se trenza el hilo para que quede fino y compacto. Ella y Maritza pasan por cada uno de los puestos enseñando el proceso y respondiendo algunas inquietudes.

		  

“Para nosotros tejer tiene el significado de pensar, para no hacer pereza y no estar aburridos. Nosotros siempre tejemos porque es nuestra alegría y ayuda a que nuestros sentimientos estén mejor, para no pensar mal. Cada nudito que se está haciendo es bueno y tiene una intención, va diciendo este va a salir bien, este va a salir bien”, dice Milena.

		  

La joven, que en ocasiones conversa en su lengua (kággaba) con Maritza, dice que decidió aprender español para compartir con “los hermanitos menores” -como le llaman a quienes no son indígenas- y lograr un entendimiento más respetuoso de ambas culturas, costumbres y creencias.

		  

La hora de tejer

Las Indígenas Kogui enseñan a los asistentes al taller a tejer mochilas.

		  

La jornada de la tarde empieza con un tinto, el entusiasmo de empezar a tejer la mochila y el buen humor de Milena.

		  

“Si no estuvieran aprendiendo ya hubiéramos hecho cien mochilas, pero como estoy enseñando hay que hacerlo con mucha calma”. Quiero que aprendan a hilar y que cuando estén en la casa estresados, cansados, tejan un poquito y no importa si termina en un año o dos años”, dice Milena, quien además segura que una persona con experiencia puede durar de uno a dos meses haciendo una mochila de tamaño grande.

		  

Con la bebé acostada en el piso frente a ella, Milena toma la aguja y muestra cómo se debe enhebrar, luego explica paso a paso cómo se hace una puntada.

		  

Cuenta que es importante enseñar bonito, para que las personas no sientan miedo ni tengan malos pensamientos, comparte las preocupaciones de las mujeres de su pueblo, no muy distantes a las nuestras “fui desde chichita aprendiendo lo que pasaba, lo que sucede y me di cuenta que a los hombres de nuestra cultura no le importaba lo que quería decir la mujer y no le daban espacio y yo me preguntaba ¿por qué? y yo buscaba la manera de aprender”.

		  

Los rostros de los asistentes, al principio con señales de estrés y un poco de frustración, empiezan a suavizarse a medida que adquieren destreza. “Estoy acá porque llevo 15 años tratando de tejer, pero la inconstancia y poca paciencia no me dejaron, pero esta vez lo estoy logrando”, dijo una de las asistentes.

		  

También manifiesta Milena que cada vez es más difícil que los jóvenes de su comunidad aprendan las actividades tradicionales y eso afecta la memoria y supervivencia de su etnia. Comenta que desearía que los hermanos menores conocieran y respetaran su cultura, de tal modo “que si ven que un indígena, que asiste a la universidad no está con su vestimenta tradicional o sigue sus costumbres, le dijeran que eso no está bien”.

		  

A la finalización de la actividad hubo un espacio para que los asistentes compartieran sus sensaciones e impresiones durante el mismo.

		  

“Mi mamá y mi abuela tejen, pero nunca nos enseñaron a tejer a los hombres, ¿por qué? no sé, supongo que por las taras mentales. Siento que estoy acá también para sanar la relación con lo femenino. Una de las cosas de las que se habló hoy es tejer con intención y mi intención mientras tejo es sanar, concentrarme, mirar hacia dentro”, aseguró Alejandro De la Hoz, de 30 años y uno de los dos hombres que participaron en la actividad, quien tuvo que desbaratar varias veces y volver a empezar el tejido.

		  

Para Liliana Forero “no era tanto hacer mochilas de aquí en adelante, sino aprender los procesos, cómo aprender a valorar no el precio, sino el valor de las cosas, el valor desde la cultura y del trabajo que tiene el fique, de cultivarlo de recogerlo de tinturarlo, de hilarlo”.

		  

“Tenemos que tomar acciones, tomar conciencia del legado, de lo que le estamos enseñando a nuestros hijos, de cómo ellos van a mirar la vida y esa relación con el universo, de las consecuencias de sus acciones y de sus pensamientos, señaló otra de las asistentes al taller.

		  

La reflexión de Angélica Cuadrado es que “Lo bonito de este ejercicio no es si uno se lleva la mochila o no, realmente creo que son espacios para encontrarnos y aprender de nosotros mismos, relacionarnos y darnos cuenta que queremos terminar la mochila, desde el pensamiento de occidente de terminar algo. Lo importante es qué me queda de esto, darme cuenta que necesito ser más tolerante, cómo manejo mi frustración y cómo la vida me muestra en el mismo tejido que a veces se necesita firmeza, que hay que echar para atrás, para delante. Entonces el tejido, cualquiera que sea, nos regala esa bonita medicina de estar atento, de tomar conciencia y conectarse con lo que uno está haciendo en el presente.”

		  

Kuritamia

		  

Es un colectivo que busca contrarrestar el impacto que se le causa a la Madre Tierra, convirtiendo los residuos y/o basura en arte para adultos, niños y el hogar.

		  

Activan procesos en la comunidad a través del club del tejido, el pulguero y talleres que ayudan a conectar a las personas con sus procesos personales.

		  

Chaskis del Caribe

		  

Es un colectivo enfocado en las artes visuales y literarias. Trabajan como emprendimiento tejiendo para la gestión de espacios culturales, la educación artística, el trabajo comunitario, la promoción de lectura, laboratorios de creación y el diálogo intercultural.

		  
		  




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Cucha Duque Ortiz
Directora
Comunicadora Social y Periodista
Publicaciones:102
Fuente:SentirPositivo
http://www.sentirpositivo.com
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